El peligro de juzgar a otros.



Imagínense qué tremendo error cometería un oculista ciego si tratara de operar de la vista a otra persona. Pues no es tan extraño teniendo en cuenta que se realizan muchas intervenciones de esta naturaleza cuando juzgamos a otros y vemos en ellos fallos pequeños tratando de corregirlos, cuando nosotros mismos tenemos delante de nosotros una viga que nos impide ver con claridad.

¿No sería más justo sacar esa viga de nuestro ojo antes de tratar de sacar la paja en el ojo ajeno?

En lo que juzgamos a otros nos condenamos a nosotros mismos, pues ¿Quien está libre de falta?, como alguien dijo en una ocasión cuando trataban de apedrear a una mujer que había sido sorprendida en el acto mismo del adulterio: ¡El que esté libre de pecado que sea el primero en arrojar la piedra! y en esta ocasión todos salieron avergonzados dejando caer sus piedras en el suelo, porque sabían que estaban juzgando a alguien por ser pecadora cuando ellos mismos sabian en su interior que no estaban libres de juicio.
Lastima que en muchísimas ocasiones no hay nadie que te haga recapacitar en tu interior como pasó ese dia, y muchos mueren o son herido por las piedras lanzadas por otros que seguramente merecen morir antes que nosotros.

Jesus y la mujer adúltera

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