No os hagais tesoros en la Tierra


 Si nos hacemos tesoros en la tierra corremos el riesgo de que alguien nos robe o que podamos perderlos de alguna manera, pero si nuestro tesoro está en los cielos, nadie nos podrá quitar la recompensa. ¿En que forma nos podemos hacer tesoros en los cielos? haciendo y viviendo el Reino de los Cielos y Sus intereses. Cosas por las cuales el mundo no nos puede recompensar pero Dios si.





«No os hagáis tesoros en la tierra... sino haceos
tesoros en el cielo.» En otras palabras, nos dice que hemos de vivir de tal forma en
este mundo, y utilizar de tal manera todo lo que tenemos, ya sean posesiones,
dones, talentos, o inclinaciones, que vayamos haciéndonos tesoros en el cielo.

Luego una vez dado el mandamiento, nuestro Señor pasa a ofrecernos razones
para cumplirlo. Quisiera recordarles de nuevo que aquí tenemos una ilustración de
la maravillosa condescendencia y comprensión de nuestro bendito Señor. No
necesita darnos razones. Lo propio de Él es mandar. Pero se inclina ante nuestra
debilidad, poderoso como es, y viene en nuestra ayuda dándonos estas razones
para cumplir su mandamiento. Lo hace de una forma muy especial. Detalla las
razones y nos las somete a consideración. No nos da simplemente una, nos da una
serie. Lo elabora en una serie de proposiciones lógicas, y, desde luego, no puede
caber ninguna duda de que lo hace así, no sólo porque ansia ayudarnos, sino
también, y quizá todavía más, debido a la gravedad trascendental del tema del cual
se ocupa. De hecho, veremos que este es uno de los asuntos más serios que se
puedan examinar.
También debemos recordar que estas palabras fueron dirigidas a personas
cristianas. Lo que aquí dice nuestro Se¬ñor no es para el incrédulo en el mundo; la
advertencia Que da es para el cristiano. Nos hallamos aquí ante el tema de la
mundanalidad, o mentalidad mundana, y todo el problema del mundo; pero
debemos dejar de pensar en él en función de las personas que están en el mundo.
Este es el peligro específico de los cristianos. En estos momentos nuestro Señor
se ocupa de ellos y de nadie más. Podría alguien argüir, si quisiera, que si todo esto
se aplica al cristiano, entonces es mucho más aplicable al no cristiano. La
deducción anterior es perfectamente admisible. Pero no hay nada tan fatal y trágico
como pensar que palabras como éstas no se nos aplican a nosotros porque somos
cristianos. De hecho, esas palabras son quizá las más apremiantes que los
cristianos de esta época necesitan. El mundo es tan sutil, la mundanalidad es algo
tan penetrante, que todos somos culpables de ella, y a menudo, sin darnos cuenta
de que así sucede. Tendemos a dar el nombre de mundanalidad sólo a algunas
cosas, y siempre a cosas de las que no somos culpables. En consecuencia,
argumentamos que esto no se refiere a nosotros. Pero la mundanalidad lo penetra
todo, y no se limita a ciertas cosas. No significa simplemente el ir a teatros o cines,
o hacer algunas pocas cosas de esta clase. No, la mundanalidad es una actividad
hacia la vida. Es una perspectiva general, y es tan sutil que puede incluso afectar a
las cosas más santas, como vimos antes.
Podríamos hacer una breve digresión y examinar el tema desde el punto de vista
del gran interés político de este país, sobre todo, por ejemplo, en tiempos de
elecciones generales. ¿Cuál es, en último término, el verdadero interés? ¿Cuál es la
cosa verdadera por la que están preocupadas las personas de ambos bandos y de
todos los grupos? Están interesados por 'tesoros en la tierra', ya sean las que
poseen tesoros o los que les gustaría tenerlos.
Todos están interesados en los
tesoros, y es sumamente instructivo escuchar lo que dice la gente, y observar
como se traicionan a sí mismos y ponen de manifiesto la mundanalidad de la que
son culpables y la forma en que se hacen tesoros en la tierra. Para ser prácticos (y
si la predicación del evangelio no es práctica, no es verdadera predicación), hay
una prueba muy sencilla que nos podemos hacer a nosotros mismos para ver si
estas cosas se nos aplican o no. Cuando en la época de elecciones generales se
espera de nosotros que decidamos entre los candidatos, ¿pensamos que un punto
de vista político es completamente acertado y el otro completamente equivocado?

Si es así, sugeriría que en una forma u otra nos estamos haciendo tesoros en la
tierra. Si decimos que la verdad está completamente de un lado o de otro, es
porque, o bien protegemos algo, o deseamos tener algo. Otra forma buena de
probarnos a nosotros mismos es preguntarnos simple y honestamente por qué
sostenemos los puntos de vista que tenemos. ¿Cuál es nuestro verdadero interés?
¿Cuál es nuestro motivo? Si somos completamente honestos y sinceros con
nosotros mismos, ¿qué hay realmente detrás de esos puntos de vista específicos
que sostenemos? Es una pregunta muy iluminadota, si somos realmente honestos.

Diría que la mayor parte descubrirán, si tratan de responder a la pregunta con
honestidad, que hay algunos tesoros en la tierra que les preocupan y por los cuales estamos en guardia para no perderlos.

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